Still Prefer Sentir
Enjaulando/Liberando el deseo
Y si mi mente se siente encerrada, es porque quiere preservar momentáneamente estos recuerdos, este saber del que depende mi dignidad, mi calma.
Adelante, sigue hablando, creerás que me interesa. No oigo ni mi propia voz y te crees que voy a estar pendiente de la tuya, atento a lo que necesitas. Ni siquiera sé qué necesito yo. Anda, mejor callémonos los dos y prestemos atención al sonido del aire acondicionado, al tránsito en hora pico allá afuera, a como ríes en voz baja por lo que sea que estés viendo, a la respiración de cada uno. A mis sentimientos que también se quedan en silencio por miedo a que los notes, que descubras lo que en realidad sienten y que no quieren ser escuchados por miedo al rechazo.
Y si en mis sueños no te tengo, allí descanso. De tu aroma que se deshace de mi olor y del tacto que anhelo y deseo.
Pero ella no aparece en mis sueños, ni he imaginado nuestros apellidos juntos. Entonces, porqué te quiero cerca de mí? Por qué extraño un aroma que ya no recuerdo? Quizá porque sí recuerdo que podría haberme quedado horas derritiéndome en él. Dormirme, tranquilo y seguro, sintiendo que ahí pertenecía, que de ahí no me quería ir. De rozar repetidamente, como una caricia tímida tu antebrazo, por miedo y duda de cómo reaccionarías.
Y cómo se aprende a mentir? Si no sé cómo decirte que quiero estar contigo. Que te quiero cerca. Que por ti escribo por algo que no odio. Que por ti escribo por ti.
Siento menos las plantas de los pies, mi estómago se encoge y en mi cabeza se forma una ligera capa justo detrás de la parte frontal del cráneo. Es como preguntarse si se tiene hambre a las nueve de la mañana, cuando ya sabes que necesitas comer. Tic tic gris, mil doscientos mililitros restantes. Basta tenerte lejos para desearte y el tenerte cerca implica odiarte.