Still Prefer Sentir
Indeciso por antonomasia
Hoy me desperté tarde, ya perdí la cuenta de cuántos días llevo queriendo madrugar. Intenté nuevamente colocar dos cajas juntas y que se vieran bien, pero viniste tú, me cacheteaste con tu recuerdo, y las cajas, que eran de cartón, se mojaron con mis lágrimas. No lloraba por el dolor en la mejilla, lloraba por un dolor más interno. Una herida que llevaba desde hace años y que no había curado. Tu golpe la afectó.
Para intentar olvidarlo, quise descansar un rato y comer gomitas con forma de pulpo. Las de oso ya no me gustan, son muy ácidas. Me traen malos recuerdos. Las de pulpo no son mis favoritas, pero fue lo último que encontré, y en un mundo de gomitas, las de pulpo eran las únicas que me reconfortaban, me hacían sentir acompañado. Al final, terminas por aceptar que todas las gomitas saben igual, solo cambia la forma en que vienen.
Hace unos días te vi a lo lejos, ibas caminando hacia el horizonte y pude entender que incluso el sol podía sentir tu imponencia, pues cuando te ibas alejando de mí para acercarte a él, comenzó a ocultarse bajo los edificios, que, siendo inertes, no podían escapar de ti. Imagino que también estaban aterrados.
Hace unos meses, mientras me balanceaba en un columpio, pensaba en dejarme crecer el cabello nuevamente, si lo había dejado era porque ya no me gustaba, pero dicen que uno siempre vuelve a donde fue feliz. Esa afirmación me causa conflicto, porque siempre asumen que uno puede volver a donde fue feliz, pero no siempre es así. A veces el camino se borra y no sabes cómo volver. A veces uno cree recordar el camino y termina perdiéndose, llegando a otro lugar. A veces, incluso hay una persona en la puerta que no te deja entrar, solo te dice que el espacio está en remodelación, y tú quedas como un tonto porque no te diste cuenta que, mientras estabas ahí, feliz, ese lugar estaba en ruinas. Irte solo facilitó su renovación.
De pequeño siempre iba a unas calles de mi casa para comprar galletas. Eran las más ricas que había probado, pero un día dejaron de venderlas y no volví a probarlas. No recuerdo el sabor que tenían, y nunca supe mientras mordía una por última vez, que más nunca volvería a hacerlo.