Still Prefer Sentir
Huellas en la piel (Anya II)
Con el corazón en su apellido, ansiosa por el disfrute, por el gozo, por la algarabía ardiente y desaforada, inocente se quedó encerrada en su empaque, apartada del cariño que esperaba recibir. Verla dolió.
El oso menos querido se asemejaba al espejo cercano a mi existencia. En él me reflejé. Servía tal cual un cristal reflector, pero se veía triste, lúgubre. Como si viéndome a mí viéndolo a él, reconociésemos la existencia de uno por medio del otro.
Rasgada y en celeste, la responsable estudiosa no volteaba a mirar. Le hacía señas, le gritaba por momentos, hasta que mi voz empezó a quedar ronca. Cuando quise continuar con mi llamado me dí cuenta que ya estaba muy lejos. Ya ni el más profundo grito podía detenerle.
Un niño del que sé poco lleva una figura naranja y blanco a su lado. Eso creo, cómo digo, de él sé poco. Creo que añora, sin duda sé que siente. Siente todo más suave cuando te ve, cuando sonríes, cuando le miras. Cuando le miras con tus tiernos y pícaros ojos, solo puede sentir una cosa: Tristeza.