Still Prefer Sentir

Despertar es la pesadilla

Me pesan los ojos. No puede ser por llorar, aún no logro llorar a voluntad. Me pesan los ojos. Quizá sea por tanto mirarte. Por tanto ver tus cachetitos rosas, tus ojos pícaros, tu sedoso cabello, agujas letales que me hacen querer caer en la tentación de acariciarlo. Quizá observo mucho tu sonrisa. Me echo una siesta en ella, en la dulzura que transmite. Descanso en la ternura con la que envuelve mi malherido corazón.

Me arden los ojos. Me quedo hasta tarde apresurando deberes tardíos. Quizá debas dejar de pasearte tanto por mi mente. Aún en la tenebrosa soledad de mi morada me atormentas entre el deseo de tenerte cerca y el arrepentimiento de alejarte de mí. Te lo imploro, ya no vuelvas. Ya fue suficiente. Ya no quedan más partes de mí que puedas llevarte. Te llevaste las más importantes. Me dejaste sin cabeza, sin estómago ni corazón. Te robaste mi alegría, te robaste mi sonrisa y mi uso de razón.

Me encantaría poder asegurar que las robaste, que fuiste tú quien las arrebató de mi posesión, que no fui yo, quien anonadado por tu existencia te las ofreció. Que no fui yo quien las metió en tu bolso, encerradas en una cajita con llave. Una llave que solo tú tenías. Una llave que nunca usaste. Tú solo botaste la caja. Me dejaste buscando mis partes por todas partes.