Leggiamo

Lágrimas de Siddartha

Teatro Matacandelas

¡Qué lindura, qué belleza!

Marrón con beige. Verde, muy verde. Más verde, menos verde, escala de verdes. Ven, Mosquito. Asómate, mira, siente. Todo es distinto acá. ¿Hueles el arte?

¡Qué expresivo, qué atrevido!

Anda, Mosquito. Deshacerme de ti un rato no viene nada mal. Al menos por un rato el olor verde y el ruido intermitente solapan tu sonidito fastidioso. Ilusión no sé si seguir usando combustible vacío. Te pido por favor cambies un poco. Ven, posiciónate en mi hombro derecho, guíame, solo un poco, déjame también a mí seguir mi camino. Quédate calmado, en silencio. Tu presencia por si sola acaricia mi alma pero nubla mi visión. Mi raciocinio tú lo tienes desaparecido.

Mosquito, ¿Dónde te encuentras realmente? ¿Te encuentras por ciudad Lavanda? Quizá deba moverme un poco. Me siento perdido, aislado, pero todas mis decisiones, todos mis aleteos mariposiles me llevaron a este lugar, a este sitio: al Teatro Matacandelas.

Arribé temprano, a solas, con mis pensamientos, en la ciudad de los olores verdes.

Buenas noches, vengo por mi identidad. Quisiera empezar por saber de donde vengo. De donde viene esta lumbar de los cojones que no me deja estar de pie tranquilo por más de media hora. Esperar, el infierno. Esperar, la verdadera pesadilla.

Entonces, ¿Esto soy? Un teatro, diferentes acentos que debería reconocer, ropa que ni siquiera combina, olores de colores.

Cruzamos miradas y tus ojos achinados me invitaron a la charla. Estaban más que achinados, calmados. Estaban acostumbrados al verde de la ciudad. Me invitaron de su calma. Me sorprendió. No muchos me ofrecen de su tranquilidad.

Entonces, esto soy, calma, amor y sentimientos. Entonces, esto soy, anhelo, tristeza y lágrimas.

Textos relacionados