Lágrimas de Siddartha
Soledad Citadina
Transporte público, hora pico y la suerte de un puesto en el lado de la ventana. Nada me recuerda tan claramente el mar de universos en el que estamos sumergidos.
Un hombre de dudosa educación viendo videos a todo volumen, dos jóvenes hablando mal de su profesor y el chofer peleando con alguien que le intenta dar un billete falso. Cuando llego a casa lo olvido todo. Me quedo solo conmigo, con mis problemas, los de nadie más.
Pero mientras estoy sentado en el asiento del autobús, con calor y cabeceando por el cansancio, puedo observarlos, entenderlos, desearlos, odiarlos, porque son parte de mí y somos parte de un todo.