Lágrimas de Siddartha

La inexactitud del sentir

Despierto, acostado, porque para dejar de darle vueltas a la cabeza toca inmovilizarse. Me dices cosas al oído. No te escucho, estás muy lejos de mí. Quizá soy yo quien no se acerca a ti. Quizá soy yo quien debe tomar una decisión y acoplarse a ello. A abandonar una parte de mí para aceptar otra que sin la otra no puede vivir, pues solo sería otra parte más que, reprimida, busca cómo hacerse entender. Expresarse y relatar con sus acciones lo que siente, lo que piensa. Demostrar quién es realmente.


Soy esclavo de mis errores, pero más que eso, de mis decisiones. De en quien me he convertido, buscando siempre hallar a alguien más sin saber que en el proceso me perdí a mí mismo. Quizá, solo quizá y el quizá es la esperanza, nunca me había hallado. Es entonces cuando solo queda preguntarse por qué buscar afuera algo que puede estar dentro.


¿Por qué me atrae, entonces, lo externo, lo desconocido, aquello que no es mío?


¿Por qué no entiendo que dentro de mí yace la completitud de un alma triste y desamparada que solo busca calma y cariño?