Consciencia colménica

Micro-momentos de alegría intensa (Evitando el desarraigo)

Y después… recordar.


Hoy no quiero hacer nada. No quiero pensar, no quiero dormir, no quiero que me duela la lumbar ni componerme para que no lo haga. No quiero irme a bañar. No quiero estar desarreglado. No quiero que mi cuarto esté desordenado. No quiero tampoco ordenarlo.


El inconveniente con caminar hacia atrás es que no veo hacia donde voy. Termino cayéndome, volviendo a donde no quería estar, de donde me quise ir. Termino sobrecargando ciertos músculos y luego mi lumbar empieza a sufrir constantemente. Me ataca la edad. Me grita que ya no doy para estar sentado ni de pie sin sentir dolor. Caminando al revés solo me equivoco y termino cayendo en un ciclo de miseria que parece interminable.


No nado a contracorriente, la corriente va en contra mía, pero nadando al revés puedo saber de donde vengo, saber todo lo que he recorrido. Ver mis caídas, mis tropiezos. Verlos parece no ser suficiente. Hay que tenerlos en cuenta.


Tengo ganas de no tener ganas.


Hoy no quiero hacer nada. No quiero dejar todo para mañana. No quiero recordar ni tampoco olvidar. No quiero comer. No quiero perder peso. No quiero escuchar música. No quiero tampoco silencio.


No quiero hundirme en mis sabanas y flotar en mis anhelos, donde por momentos, sin importar los sucesos puntuales que me estén pasando recientemente, me dan ataques de alegría. Micro golpes de algarabía inconmensurable y momentánea que duran unos segundos y cuyos retazos del sentimiento se prolongan hasta el fin del día. Si tan solo durasen para siempre.


Quiero levantarme cada día con el pie derecho y ser consciente de ello. No del suspiro que suscita cansancio y rechazo a vivir un día más. Rechazo a respirar, a seguir confiando en un propósito auto impuesto que solo evita poner fin por mano propia a la agonía de existir, respetando que el vivir se considera un regalo. Un regalo de muy mal gusto.