Consciencia colménica

Ter (Consciencia colménica)

“Soy la arquitecta de mi propia desdicha.”


A veces me pregunto si la gente es lenta o voy yo siempre apurado. La respuesta muchas veces radica en que las personas van con grilletes a los lados. Impedimentos sociales no les permiten caminar a su propio ritmo. Y bendito sea el prisionero de la naturaleza humana, del sentir de manera intensa.


Deshacerse voluntariamente de los grilletes deja una ligereza en los pies, pero impone un malestar en el corazón. Un vacío confuso que le envía impulsos a tus ojos, sumergiéndolos en alcohol, sometiéndolos a presión para que confiesen tus pesares.


Y es entonces cuando se necesita solo la visión de un cineasta griego para cambiar el rumbo de mi día, de darme una sonrisa tímida y penosa, como si para sonreír tuviese que pedir permiso. Como si para sonreír tuviese que llenar un formulario y hacer trámites llevándolo a una de las tantas sedes de una empresa maldita que me pudiese rechazar el tener la capacidad de ser feliz con un hecho tan simple como el siempre haber tenido la razón. El haber visto algo que muchos también pudieron ver. Pero yo no soy los demás. Yo soy yo. Soy inexpresivo, pero lo sabía desde un principio.


“Llega un momento de la vida en el que lo que hay es lo que hay.”


Los peluches que llevo años coleccionando me atormentan a diario. No me dejan comer en paz, interrumpen mis tímidos pasitos de baile. Me han quitado la capacidad de pensar, de actuar con libertad, de cantar vivencias ajenas. Siempre digo que trato a quienes quiero como me trato a mí, pero la verdad es que quisiera tratarme a mí como trato a quienes quiero.


Estoy harto de los demás. De tener que ser sociable, de tener que sonreír, creer que eres compatible con personas de las que no sabes nada. Creer que ellos confían en ti, y por ende, tú confiar en ellos. Cuando en realidad no significas nada para ellos. Solo eres un momento de provecho en un sinfín de intereses.


Y así he acabado, rodeado de entes desechables, de fantasmas que solo responden al impulso. Fantasmas que no conocen el ser bueno por naturaleza. Como yo, que era tan bueno, que de fallos he perdido la capacidad de serlo.