Consciencia colménica

La Comunidad

¿En qué momento uno acepta que su mente trabaje en automático? Quizá para no sentir. Quizá para no sufrir.


Son las nueve de la mañana y ya me he estirado del cansancio. No he hecho mucho. Terminé de ponerle tres colores a un botón y hablé cinco minutos con mi madre. Vaya trabajo arduo.


Toda mi vida ha sido un ir y venir entre la idea de querer tener siempre energía, ir de aquí a allá, “andar siempre en algo”. Ser imparable, “flawless”.


Si “flawless” tuviese el significado que me gustaría que tuviese.


La verdad es que mi vida la ha dominado el cansancio, la flojera. Las ganas de tirarme y no hacer nada, solo ver vídeos y reírme como si mi vida fuese perfecta. Como si tuviese motivos para sonreír.


Los micro-momentos de alegría que me acompañaban de vez en cuando me alientan, me motivan, así sea por un pequeño lapso de tiempo donde logro imaginar ecosistemas gigantescos, llenos de colores y formas. Sapiente de su futuro, sus logros y sus obstáculos.


Luego vuelvo a la normalidad, con una lista enorme de to-dos y unas ganas de completarlos inferior a mi introspeccion.