En las luces de colores
Campesina Vol.1
Entre vacas y desgracias
Habían pasado cuatro años desde que los padres de Chiara y Bianca decidieron emprender un viaje que, por aquel entonces, solo duraría un par de semanas, pero que tardaría mucho más de lo esperado. A pesar de quedar prácticamente indefensas, las dos hermanas desde pequeñas siempre se habían sabido defender, cada día se levantaban temprano para recoger los huevos de la gallinera, ordeñar las vacas y continuar con la elaboración de lácteos para posteriormente vender una parte en un pueblito cercano y con ello poder comprar otros utensilios caseros. Aunque creían en un principio que sus padres volverían, las hermanas ya habían perdido la esperanza y simplemente se habían dedicado a vivir por su cuenta.
A ojos de los pueblerinos que las conocían, sus padres estaban en la granja, pero se encontraban muy viejos ya como para poder salir al pueblo, razón por la cual eran las niñas quienes iban a vender los productos. Sin embargo, algo sorprendente para los lugareños siempre fue el conocimiento de ambas niñas sobre los artículos que llevaban, ya que supuestamente, solo los traían y recogían el dinero.
En vísperas del treceavo cumpleaños de la menor, la disminuida familia se disponía a celebrarlo como tanto le encantaba a la pequeña, comprando un pastel de esos que solo se podían costear en fechas importantes y devorarlo hasta que el cansancio. Era una niña sencilla y sin motivo de molestia, desde que tenía uso de razón no había tenido más que la granja y su familia que pronto se acortaría a solo su hermana, quien la adoraba a más no poder. El sentimiento era mutuo.
Rumbo a la compra del pastel, las dos hermanas salieron muy emocionadas, pues tanto este, como el cumpleaños de la mayor, eran las únicas fechas que les importaban. Al llegar a la única pastelería que tenía el pueblo, la hermana menor no tardó mucho en seleccionar el pastel que querría para su cumpleaños. Era un lindo y sutil pastel de chocolate con fresas encima cuyo jugoso rojo comenzaba ya a tornarse por partes de un marrón arrugado, pero que aún respondía a su función principal, la de darle a la niña la única alegría que esperaba con tanto anhelo durante todo el año. El pastel era costoso, más por su diseño que por su tamaño, pero las hermanas habían ahorrado lo suficiente para poder financiarlo sin resentimientos.
Saliendo de la pastelería, de regreso a casa para la corta y comprensible celebración, la hermana mayor caminaba apurada, pues, aunque no había nada que decorar ni nadie que las esperara, siempre se hacían a la idea de que era el evento más grande del año. En un simple descuido la hermana se encontró caminando sola por las largas y arenosas calles, sin percatarse de que su hermanita ya no estaba a su lado. Había desaparecido.